Es clave implicar a fabricantes, proveedores, consumidores y el sector público para incentivar la transición hacia una movilidad más sostenible

Daniel Arenas, director del estudio y profesor de ESADE

La automoción es un sector clave para la economía española –España es el octavo país del mundo en producción automovilística-, pero es también el que más contribuye en emisiones de gases efecto invernadero. En este sentido, el transporte genera en España el 26% de las emisiones totales, y en concreto, el coche particular se lleva la mayor parte con un 63% de éstas. El informe “La transición hacia una automoción baja en carbono. Desafíos y oportunidades para la inversión sostenible”, elaborado por el Instituto de Innovación Social de ESADE y la Fundación Caja de Ingenieros, concluye que, para evitar consecuencias graves para el medioambiente y la salud de las personas, es necesario evolucionar hacia un sector más sostenible, con medidas como el fomento del vehículo eléctrico, la desinversión en combustibles fósiles, la mejora en la eficiencia de los carburantes o el replanteamiento de la movilidad en general.

Para Daniel Arenas, autor del informe y profesor de ESADE, “uno de los mayores retos es potenciar la compra del vehículo eléctrico, que debería representar el 35% de las compras para el año 2030” y añade que “la administración debe contribuir y regular las limitaciones de coste convencionales en las ciudades”.

Desde el punto de vista financiero, el presidente general de la Fundación Caja de Ingenieros, Josep Oriol Sala, afirma que “el rol del sector financiero en la descarbonización es de vital importancia para la transición energética hacia una economía baja en carbono debido a su capacidad para financiar proyectos del ámbito de la tecnología baja en carbono o por el fomento de la Inversión Socialmente Responsable”.

Movilidad sostenible: necesidad y desafío

El estudio de ESADE y la Fundación Caja de Ingenieros apunta que, en contraste con la tendencia europea, en España las emisiones de gases efecto invernadero crecieron un 17,8% desde 1990. Esta tendencia se contrapone con la necesidad evidenciada por expertos de limitar el aumento de las temperaturas a menos de 2 ºC (y lo deseable sería no pasar de un aumento de 1,5 ºC). Para ello, empresas y organizaciones del sector se han comprometido a promover un modelo de movilidad más sostenible medioambientalmente, aunque es necesaria una propuesta integral que implique a fabricantes, proveedores, consumidores y el sector público, que ha de tener un papel activo a la hora de regular, planificar e incentivar esta transición asumiendo parte del coste de la transición hacia alternativas menos contaminantes, y los desafíos que se derivan de ella.

Aunque la adopción del vehículo eléctrico es una medida atractiva, presenta desafíos como lo son la huella de carbono producida por los coches eléctricos, que, aunque es más reducida que la del vehículo tradicional, es existente; el alto nivel de emisiones que se deriva de su fabricación; el impacto energético que implica su carga eléctrica y el impacto social y ambiental que entraña la extracción de los minerales necesarios para su fabricación.

Además, el vehículo eléctrico cuenta actualmente con una presencia mínima en España. Aunque la producción de coches eléctricos en este país se ha cuadruplicado en los últimos cinco años, los vehículos de estas características todavía representan menos de 1% del total del parque de turismos nacional. Esto se debe, principalmente, a la falta de una infraestructura de recarga adecuada y a la existencia de precios poco competitivos para los compradores. En el informe se estima que para que la popularización de este método de transporte fuera posible, se tendría que multiplicar por más de 90 el número de puntos de recarga públicos existentes en 2015.

Hay empresas que ya están apostando por un replanteamiento de la movilidad. En el estudio se expone, por ejemplo, el caso de Silence, una empresa española líder en la fabricación de motos eléctricas que está a punto de convertirse en la principal proveedora de motos para servicios de moto-sharing en España; de Nissan, que ha colaborado con instituciones públicas para la promoción del coche eléctrico y compartido, o de Som Mobilitat, que propone un modelo cooperativo de car-sharing con coches sostenibles, además de otros como el de Wallbox y el del Ayuntamiento de Barcelona.

Cómo apoyar financieramente una automoción baja en carbono

Tal y como expone el informe, aunque el cambio climático presenta riesgos para el sector financiero de índole física, regulatoria o tecnológica, también supone una oportunidad, puesto que aquellas empresas que logren adaptarse mejor a una economía más sostenible ambientalmente podrían tener ventajas competitivas, una posible mayor rentabilidad de sus inversiones y mayores oportunidades de financiación.

En relación a esto último, en el informe se destaca que, durante los últimos cinco años, el universo de bonos verdes o bonos climáticos se ha triplicado hasta alcanzar actualmente los 1.200 millones de dólares a nivel mundial, destinándose la mayoría de esta cuantía a la descarbonización del transporte. Aunque las empresas que más emiten este tipo de bonos son las del ferrocarril, cada vez más empresas del sector automovilístico recurren a bonos verdes o climáticos para desarrollar sus vehículos eléctricos e híbridos y las infraestructuras para la recarga de baterías. No obstante, hasta ahora estos bonos representan solo el 2 % de los emitidos por este sector.